El ensayo arranca en la cazuela de Casagrande, con su leva calibrada y el acanalador normalizado trazando la ranura de 2 mm. En León, la arcilla del interfluvio entre el Bernesga y el Torío seca distinto que la marga de la vega. Por eso nuestro laboratorio mantiene los equipos de límite líquido con contador de golpes verificado cada 20 determinaciones y la balanza de humedad con resolución 0.01 g. Trabajamos sobre muestras inalteradas o remoldeadas que nos llegan de sondeos en el polígono de Onzonilla o de calicatas abiertas en solares del barrio de La Lastra. Preparamos la fracción bajo tamiz 400 µm, añadimos agua destilada y dejamos homogeneizar 24 horas antes de la primera medida. El dato que entregamos —límite líquido, plástico e índice— define el potencial de cambio volumétrico del terreno y condiciona directamente el diseño de cimentaciones superficiales en zonas expansivas de la capital leonesa.
No es solo un número: el índice de plasticidad define si la arcilla bajo la zapata se va a mover con la lluvia de noviembre o con la sequía de agosto en León.
Metodología y alcance
León creció sobre un doble eje: el casco romano, asentado en la terraza alta del Bernesga con gravas cuarcíticas limpias, y los ensanches del XX, que ocuparon arcillas lacustres y limos coluviales con comportamiento plástico marcado. Esta dualidad explica por qué un mismo proyecto residencial en Eras de Renueva puede requerir un estudio de plasticidad completamente distinto al de una nave en el polígono de Trobajo del Camino. Nuestro protocolo para Límites de Atterberg sigue la UNE-EN ISO 17892-12:2018, con multipunto en cazuela (mínimo 4 determinaciones) para trazar la recta de fluidez con R² superior a 0.98. El límite plástico lo determinamos por rolado manual sobre placa de vidrio esmerilado hasta cilindros de 3 mm de diámetro. La carta de plasticidad de Casagrande que generamos permite clasificar el suelo fino según el Sistema Unificado (USCS) y anticipar problemas de retracción en soleras y losas. En suelos con más del 50% de finos plásticos, los ciclos de humectación-desecación típicos del clima continental leonés —con oscilaciones térmicas de 20 °C en verano— activan cambios de volumen que solo un buen dato de IP ayuda a dimensionar.
Contexto geotécnico local
El contraste entre el barrio de San Claudio, sobre terrazas altas con gravas limpias no plásticas, y la zona de La Vega de Abajo, asentada sobre arcillas aluviales con IP de 25-40 %, muestra cómo el riesgo geotécnico cambia en pocos kilómetros. En la vega, un suelo clasificado como CH (arcilla de alta plasticidad) puede generar asientos diferenciales de varios centímetros si no se caracteriza bien. Hemos visto casos de naves industriales en el entorno de Mercaleón donde la combinación de arcilla plástica con nivel freático somero —el Bernesga a veces sube más de 2 metros en crecida— provocó levantamiento de soleras por expansión. El límite de contracción es otro parámetro que medimos en suelos con IP superior a 30, porque la fisuración por desecación afecta directamente a conducciones enterradas y arquetas. Sin este dato, cualquier solución de mejora de suelo o sustitución se está diseñando a ciegas.